Por Brenda Ramos
La sinestesia es una extraña condición que se refiere a la mezcla de impresiones de sentidos. Quien la padece puede, por ejemplo, oír colores, ver sonidos o degustar el sabor de una textura cuando se toca un objeto. Ida Maria Børli Sivertsen (vocales y guitarra), líder de la agrupación noruega Ida Maria, “sufre” de dicha condición. Ida nació en Nesna, un pequeño pueblo en el norte de Noruega rodeado de montañas y naturaleza y donde hay sólo una gasolinera, al igual que un único bar-pub (donde Ida Maria debutó con su primera banda de ska punk). No obstante, Nesna sobresale por ser una ciudad con habitantes que poseen un alto grado de escolaridad (la mitad de la población ha asistido a la universidad).
Ida se reveló contra la vía adoctrinada de la música y escogió el punk, formando así la receta perfecta para una sonoridad que desborda actitud: una chica de un pequeño pueblo que no podría encajar mejor en la gran urbe. El doctor de su pueblo la introdujo al rock’n’roll a través de artistas como Janis Joplin y Jimmy Hendrix y el bibliotecario le presentó a Dostoievsky, que abrieron puertas mentales a una vida poco factible de alcanzar en una ciudad como Nesna. Esa sensación de haber permanecido mucho tiempo fuera de lugar aún se percibe en su música, aunque Ida reside actualmente en Estocolmo, Suecia, donde hay una escena indie rock formada de pies a cabeza.
Quizás por su origen escandinavo es fácil imaginarse que se trata de otro enigma místico de las tierras gélidas de esta región, o por ser sinestésica es factible pensar que su música es sumamente experimental, elaborada o exótica, pero todo lo contrario, si hay algo extraño en Ida Maria es su cálida cercanía y su derroche escandaloso de vida. Maria es la “girl next door”, punk y con despuntes de futura rockstar. Esta excéntrica frontwoman se ha ganado comparaciones con PJ Harvey, Janis Joplin y hasta una joven Björk en The Sugarcubes. Tiene una voz estrepitosa para las descargas duras de indie rock, así como dulce y femenina en las baladas, mirada girly punk desafiante, energía y desfachatez a la hora de presentarse en el escenario; su actitud es una combinación entre su culto al exceso (drogas y alcohol) à la Pete Doherty y sus dejos de misticismo hippie-élfico (después de todo es de Escandinavia), y musicalmente se encuentra muy cercana a unos Strokes feminizados.
Fortress Round My Heart es su debut, el cual recibió una tibia acogida por parte de la crítica que lo etiquetó como un “confesionario personal de la artista” y señaló que se encuentra demasiado pulido para autoetiquetarse de influencia punk. Los puntos fuertes son las bien trabajadas canciones como “I Like You Better When You’re Naked” y “Queen Of The World”, con coros que enganchan y guitarras que juguetean a dúo con las vocales de Maria. Mientras tanto, el lado suave se explota en baladas como “Keep Me Warm” y “Any Given Time”, la primera de su álbum y la segunda (más efectiva que la anterior) perteneciente a un demo, de constitución folky, austera y con emotivas inflexiones en la voz de Maria que desbordan sentimiento.
“Oh My God” inicia con un riff de guitarra que nos mantiene a la expectativa, después escupe un coro que le da rienda suelta a la batería y a una sonoridad punk de nuevo siglo, la voz rasposa y grave de Maria le da un toque distinto, aunque después el track culmina como una oda a la anarquía y al asombro en múltiples voces. Historias de borracheras, amor, desamor y sus reflexiones sobre Dios caben a la perfección en toda la gama de sonidos de Ida Maria, y por qué no, también de colores.
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