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6.mayo.2008

 

El saldo Zero

Por Brenda Ramos

Coca Cola tenía que entrarle al quite de la nueva oleada de festivales musicales, y vaya que configuró para estos propósitos un cartel que rozaba en los extremos: encabezando el festival se encontraban las figuras electrónicas de Fatboy Slim y Groove Armada, la explosión experimental de Mars Volta y las contrastantes elecciones del pop chicloso de Miranda! y el happy punk superestrella de Panda.

La cita era a las dos de la tarde en el Club Hípico Los Alamitos. La fórmula era la misma que desde hace algún tiempo ha venido contagiando a los festivales que se organizan en el país: lugar situado en las afueras de la ciudad, al aire libre, varios escenarios y la constante presencia del polvo por doquier. Había las clásicas zonas que esperaríamos para cualquier concierto: dos escenarios (negro y rojo), área de comidas, barra, baños y servicios médicos. Como nuevos elementos destacaron la inclusión del “Bar Zero”, que no era más que un pequeño iglú donde las personas pasaban de 15 en 15 para conocer una barra hecha de hielo, un área de descanso decorada con palmeras y plantas, diversas esculturas de figuras abstractas y un castillo que se iluminaron a medida que avanzaba la noche, un área con carpa que dio espacio para la expresión de la danza y el performance, una pantalla gigantesca donde el público podía publicar mensajes a través del servicio SMS y finalmente el stand de MTV para participar como reportero del canal.

La jornada arrancó con las participaciones de los nacionales Topper y Satin Dolls, para después dar paso a Becker y a los canadienses Metric. Si bien a esas horas la asistencia era moderada y el mood más bien reservado, los conocedores quedaron fascinados con la participación de Metric, quienes a pesar de su limitada duración (apenas 30 minutos) deleitaron con su propuesta reciclada de new wave.

Ánimos similares recibieron a Ximena Sariñana y a Thermo, quienes por algunos momentos se disputaron la atención del público: “Vidas Paralelas” y “Zombie” fueron los dos tracks más representativos de cada acto, respectivamente. Al término de estos espectáculos entró Miranda! y despegaron con un frenesí de electropop chistoso y algo kitsch, pero aún así recibieron una respuesta media, que no tiene comparación con la presentación pasada que tuvieron en la ciudad.

A las 17:10 horas despegó la banda lidereada por Connor Oberst, Bright Eyes, quienes lograron provocar una buena respuesta entre una multitud de fanáticos que ovacionaron cada movimiento de sus cuerdas. Un poco antes de terminada su presentación, Los Dynamite comenzaron su acto en el escenario rojo y controversialmente agradecieron: “Gracias por vernos a nosotros y no a Panda”, haciendo referencia al espectáculo que empezaría minutos más tarde en el escenario negro.

The Faint hizo su aparición a las 19:00 hrs. y logró arrancar del público la primera manifestación de euforia desatada. “I Disappear”, “Paranoiattack” y la “Agenda Suicide” resonaron entre brincos y gritos de la audiencia que admiraba a la dramática figura de Todd Fink, vocalista, quien sobresalía por sus ojos profundamente delineados. El tecladista se mostró inmerso en su labor, y a través de sus movimientos corporales demostró al público su ímpetu y pasión por la música.

Los mexicanos Zoé arrancaron su vuelo en el escenario negro alrededor de las 19:40, despertando gran emoción entre los asistentes y desencadenando una oleada de cantos en coro con sus clásicas “Vía Láctea”, “No Me Destruyas” y “Paula”. Kinky les siguió el paso en el escenario rojo poco antes de que terminara la presentación de los capitalinos. A partir de ese momento, la noche ya había entrado y la gente se dedicó a bailar y a gritar ante el desenfrene electro-rock de los regiomontanos. “¿A dónde van los muertos?”, “Una Línea De Luz”, “Soun Tha Mi Primer Amor” y hasta un cover de “Welcome To Tijuana” de Manu Chao tuvieron cabida en el público que ahora se disfrazaba con luces neon.

Terminaron las entradas y comenzó el plato fuerte a las 21:20 horas con Mars Volta en el escenario negro, quienes entregaron sus almas en una sesión de experimentación free-jazz y de arty-rock progresivo que dejaba loco a cualquiera que se sumergiera en la música. Si bien para los fanáticos constituyó una notable presentación de una hora y veinte minutos, donde las formas musicales se construían y deshacían en una fusión de armonía y distorsión mientras Cedric Bixler-Zavala literalmente se desquiciaba arrojando cosas, brincando por todos lados, cayéndose múltiples veces y hasta bajándose para tomar a una fan en brazos y subirla, aquellos que fueron a ver a Panda o hasta Zoé les resultó una sesión de música difícil y estrepitosa.

Groove Armada no dejó caer los ánimos y arribó a las 22:50 horas. Destacó su presentación en vivo que incluía instrumentos reales y una vocalista afroamericana. Su set fue una mezcla entre sentimiento beat, visuales, baile, house, disco, lapsus ambient y una comunión con el público en general. Muchos consideraron su acto como el mejor de la noche, y la inmensa mayoría se prendió cuando sonaron “I See You Baby” y “Superstylin”.

Finalmente, la anticipada figura Fatboy Slim salió al escenario descalzo y en shorts, se dirigió silencioso a su tornamesa y lanzó una alerta que estremeció: “We’ve been a long long way together…” Se trataba de las primeras líneas de “Praise You”, que después desembocaría en otro track dispuesto a exprimir hasta los últimos pasos de baile. Entre otras de sus más conocidas tocó “Jump Around” y sorprendió en su cierre con “Love Is In The Air”.

Los resultos fueron mixtos. Por un lado, se agradeció que todas las bandas que figuraban en el cartel se presentaron con pocos minutos de diferencia en lo estipulado en el programa. No obstante, hubo una gran falla a la hora que terminó el evento: salir del estacionamiento resultó una travesía que ponía a prueba los nervios y las habilidades de los conductores. Desafortunadamente, sobresalió la falta de organización y los asistentes se molestaron ya que habían pagado una cuota de 50 pesos para evitar problemas como ése. Hubo quien tuvo que esperar hasta dos horas para salir del lugar, sólo para enfrentarse a otro tortuoso camino de lento tránsito.

En otras cuestiones, el Zero Fest se mostró escueto en cuanto a la dotación de regalos: una pañoleta y Coca Cola Zero en vasitos de muestra fueron las únicas cosas que se obsequiaron a los asistentes, mientras que en el Mx Beat dieron 2 cajetillas de cigarros por persona además de una playera conmemorativa y mochilas para quienes tenían invitación especial. Estos detalles provocaron que, a pesar de que los conciertos se llevaron a cabo sin mayor problema, a los 20 mil asistentes aún les quedara un poco de sabor a tierra.




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