| EL ELECTROFEST
Una Invitación
del Ayuntamiento
texto: Shö
fotografía: Acid
Observer |
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A pesar de contar con una producción
poco usual en las noches del electro tapatío, el auditorio
local no fue capaz de reconocer el esfuerzo e hizo una mala aparición
en el primer electrofest.
Una Concha Acústica despejada, 500 personas en total esparcidas
entre las lunetas de cemento y los improvisados dancefloors
hacían relucir el bien montado stage de esta propuesta
apodada como 01 Electrofest GDL 2002.
El llamado para aquellos simpatizantes de la música de
los sintetizadores y de las tornamesas fue desde temprano, algo
inusual dentro de una verbena del corte “electro”.
Las primeras horas de vida de esta función le pertenecieron
a los proyectos incipientes del colectivo Nopal Beat, quienes
trataron de exhortar al baile a las casi 150 personas hechas una
con las gradas.
Ya entrada la noche y lejos de que el Electrofest pareciera un
crepúsculo electrónico, las mezclas de Shock Bukara,
Galápago, Fat Naked Lady, Calambrín y God Is My
Name animaron un poco más a un público que buscaba
consuelo en bebidas energizantes y en refrescos, debido a la falta
de cerveza, ya que su venta estuvo prohibida.
Al pasar la media noche las tornamesas desprendieron mezclas
de Techno, Disco, R&B, y Funky bajo la fusta del Dj neoyorquino
Miss Honey Dijon, quién fue aclamado en el pasado Unionfest
de la Ciudad de México.
Una vez abajo, Dijon entrego a un público más comprometido
con la noche al trance del estadounidense Jon Cowan y a los brtánicos
Park’s & Wilson, quienes fueron los que cerraron la
noche frente a casi 250 personas y una hora antes de lo estipulado.
Resulta interesante contrarrestar el excesivo número de
policías, protección civil y bomberos con la poca
cantidad de civiles: mientras los transeúntes de la música
luchaban por no soltar la noche una pared de cuerpos negros y
amarillos enmarcaban la entrada principal a la valva sonora vigilantes
a que nada “extraño” se suscitará.
Esta fallida propuesta, respaldada por el Ayuntamiento de Guadalajara,
concibió malestar entre los asistentes por el alto costo
del boleto y entre los exponentes que subrayaron la falta de profesionalismo
del evento. Y aunque la producción contaba con un stage
ensamblado con un impecable sonido no fue suficiente para inducir
a todos sus asistentes a la practica más rudimentaria:
el baile.
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