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Hace algunos meses como parte de un evento masivo en Alemania
se presentó un dj enmascarado en medio de un cartel bien
conocido y esperado. Después de que hubieron tocado dos
dj's de los anunciados apareció aquel incógnito.
Nadie se lo esperaba. En ese tipo de eventos en aquellas latitudes
en realidad nada es raro, así que la novedad se tomó
con gusto y fue recibido con buenos aplausos. No apenas acababa
de saludar con una mano y pinchar un disco con la otra, la multitud
ya brincaba. Al cabo de quince minutos la tribu acelerada no dejó
de bailar, y por el contrario el dance floor se atestó.
Al final del set, uno de los tres mejores de la noche según
se dijo al día siguiente, el público encendido de
ánimos quería saber quien era aquel personaje con
rostro de fantasía que había logrado moverlos sin
parar durante 50 intensos minutos. Gritos y consignas de quitarse
la máscara fue lo que se oyó . Algunos segundos
después aquel público acostumbrado a las sorpresas
y a las excentricidades del primer mundo estaba pasmado y con
la boca abierta sin comprender lo que veía, o más
bien, sin poder asociar lo que había vivido con lo que
estaba viendo: el dj no era un dj, sino una dj.
Aún con todo y la cultura cada vez menos machista de los
países europeos, el suceso no deja de ser raro. Aunque
la incursión de las mujeres en ámbitos antiguamente
exclusivos del hombre es cada vez mayor y continúa haciéndose
extensivo a todas las esferas de la vida social, todavía
no es común ver a una dj.
Según se expresan algunas de las dj que han logrado el
propósito de serlo, la gran mayoría de la veces
que una de ellas es colocada en el cartel de algún evento,
sus sets son presenciados antes por curiosidad que por el set
en sí mismo. También, si un productor decide proyectar
algo con ellas, es más con base en el criterio de la venta
por novedad que por la venta de un producto de calidad.
¿Existe en verdad la cultura de las dj's, o en su defecto,
tiene algún impacto? Basta con hacerse la siguiente pregunta
seguida de esta sencilla dinámica: cerremos los ojos y
mencionemos en el menor tiempo posible los primeros 5 dj's que
se nos vengan a la mente. 2) bajo la misma mecánica mencionemos
los primeros cinco discos que se nos ocurran. Fácil: Digweed,
Van Dyk, Okenfold, Lawrence y otros por el estilo ocupan siempre
los primeros lugares en menos de 4 segundos. 3) Repítase
la dinámica pero ahora menciónence mujeres. Tomémonos
el tiempo que sea necesario. 15 segundos, veinte, un minuto. Hay
algunos que están condenados a no responder. Así
de sencillo se resuelve la incógnita que en realidad no
es tan incógnita.
Si bien nombres como Sandra Collins
o Yamina C4 son cada vez más
recordables, aún falta mucho por que las mujeres representen
una fuerza con presencia frente a las tornamesas. Aunque en algunos
países como Alemania o en ciertos lugares de Los ángeles
o San Francisco comienza a generarse una cultura femenina del
pinchado en apariciones públicas, el asunto sigue siendo
polémico y sorpresivo.
Estando así las cosas en países más avanzados
en cuanto a cultura de género yo me pregunto ¿Cuánto
falta para que en México surja una dj reconocida? Ahí
se los dejo a su criterio, mientras tanto yo escucho ésta
excelente compilación de dj
Michelle editada por Mushroom Jazz que nada tiene que envidiarle
a sus homólogos masculinos.
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