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26.agosto.2008


La niña prodigio

Por Brenda Ramos

Marla Olmstead llamó la atención de los medios de comunicación cuatro años atrás, cuando salieron a la luz las pinturas abstractas que había hecho para una galería en su natal Nueva York. En pocos meses ganó más de 300, 000 dólares por sus pinturas, caso inusual para una nueva pintora en la muy concurrida esfera artística de Nueva York, pero no más inusual que una niña prodigio de cuatro años que imita con increíble habilidad los trazos de Pollock.

En febrero de 2005, el programa 60 minutes mostró un reportaje cuyas conclusiones sugerían que las pinturas habían sido “guiadas” por el padre de Marla, por lo que toda la faramalla sobre la niña y la emoción instantánea del público por su trabajo se cayeron de un precipicio. En el 2007, el director independiente Amir Bar-Lev hizo un documental sobre la historia de Marla, desde sus supuestos inicios como pintora ¡a los dos años de edad! y todo el suceso que figuró en importantes periódicos y alzó las cejas de reconocidos críticos.

El ascenso y la caída de Marla Olmstead y la firme intención del director por probar que las pinturas fueron hechas por la niña sin ninguna clase de ayuda, son retratados en el filme, de nombre My Kid Could Paint That. El documental se desarrolla como una investigación en donde el esqueleto que sostiene a la trama es la posibilidad de un fraude, o no. Hay escenas de Marla pintando, apretando los tubos de los acrílicos y jugando a ser artista con las brochas; entrevistas con los padres y parientes cercanos, y algunas secuencias que sugieren una cierta incriminación de fraude, como cuando Marla le pide a su padre que dibuje una carita feliz en su lienzo y, éste, nervioso, se niega. Bar-Lev vive a la par un duelo ético al verse demasiado involucrado con los sujetos a documentar, incluso tiene discusiones con la familia.

El autor de artnewsblog.com citó al crítico de arte Clement Greenberg, uno de los primeros promotores de Jackson Pollock, como anillo al dedo para la ocasión: “En las artes visuales los prodigios no cuentan. En música y literatura sí, pero no en el arte”. Seguramente tiene razón, ¿cuántas manos no hay con impresionante habilidad técnica que viven para pintar jarrones y frutas? Nunca fue la intención de Pollock mostrar gran realismo en sus pinturas o un excelso manejo de sombras y luces en su manifiesto de expresionismo abstracto, sino hacernos ver el arte de otra forma, como un proceso y no tanto como un resultado.

No obstante, aún queda una pregunta abierta para cualquier posición que se adopte: si bien Marla es un “prodigio del arte abstracto” o un “hoax mediático”, ¿cuál es el valor y la calidad de estas pinturas, sin consideración de su autor? Para algunos es difícil y para otros resulta imposible no tomar el contexto de un artista con respecto a su obra. Además, si en realidad Marla hizo las pinturas abstractas, que algunos han comparado con las obras de Pollock o Kandinsky, ¿puede una obra trascender las intenciones de su autor?, ¿qué significa entonces la revolución del arte moderno?, ¿es la pintura abstracta una falsedad esnob y ridícula que hasta un niño puede hacer?  Preguntas que dividen opiniones. 

http://www.marlaolmstead.com

 




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